Pasajeros

 




Pasajeros, un cuarteto de inspiración post-punk que sólo pudieron grabar un mini LP, allá por 1985, publicado por Fonomusic.

Inicialmente formados como un dúo, Ángel Martos –voz y bajo- y María José Redín –voces y teclados- graban una maqueta y se ponen en contacto, a través de un amigo común, con Tomás Pacheco, ex integrante del grupo canario Palmera y a la sazón productor musical de bandas tan distintas entre sí como Ciudad JardínLos Calis o Pabellón Psiquiátrico. Pacheco les conseguirá un contrato con Fonomusic, y en muy poco tiempo Pasajeros entran a grabar su primer mini-LP, formato muy popular en los ochenta, en los estudios Sonoland de Coslada.

La apuesta de la discográfica por el joven cuarteto –completado ahora con Javier Martos, hermano de Ángel, y Pedro González a la batería y guitarras respectivamente- resultaba cuanto menos exótica, ya que en el catálogo del sello podíamos encontrar mayoritariamente referencias de cantautores del estilo de AuteAmancio PradaLluís LlachLabordeta o Hilario Camacho. En un giro arriesgado, Fonomusic comenzaba a editar sencillos y álbumes de grupos como TDK, los ya citados Ciudad Jardín o Pasajeros, tratando de subirse al cada vez más escacharrado carro de la “Movida madrileña”.

Pasajeros tenían un sonido muy cercano al de los dos primeros discos de La Mode, pero con textos más oscuros, a lo Décima Víctima, y una estética cercana al post-punk, o a lo que ahora llaman «darkwave«. Ángel Martos me confirma que entre las influencias principales del cuarteto estaban The CureNew OrderJoy DivisionThe Psychedelic FursRadio Futura, Gabinete Caligari o Parálisis Permanente, entre otros. Para los arreglos del disco contarán con la colaboración de Kaelo del Río o Juan Muro, músicos de experiencia fajados en grabaciones con AuteSuburbano o Los Cheles.

La efímera repercusión comercial de aquel mini elepé de título homónimo – seis canciones de entre las que destacan temas como la excelente «Gritaré» y la pegadiza «El eco de las sombras»- será escasa, a pesar de recibir críticas elogiosas en revistas y fanzines del momento. Mucha culpa la tiene el insustancial diseño de portada, algo que Ángel me confirma: “La idea original era el nombre de Pasajeros escrito en la nieve, pero subimos a Navacerrada y no había nieve, así que tuvimos que improvisar”. Cuando llega el momento de preparar los temas que habrían de conformar el segundo larga duración de Pasajeros, Fonomusic decide prescindir de sus servicios, a pesar de que la banda estaba madurando y sonando mucho mejor tanto en ensayos como en directos, llegando a actuar, cómo no, en el Rock-Ola, donde presentarán su disco gracias a las gestiones de Ramón G. Del Pomar.

La última referencia discográfica del grupo será el sencillo «Dedicación total», publicado bajo un sub-sello de Fonomusic que también editaba cosas de TDKCiudad JardínAngel y las Güais o Commando 9 milímetros, con los que compartían locales de ensayo, los míticos Tablada 25. “En aquel momento no había ninguna conciencia de movida”, recuerda Ángel: “Simplemente había mucho movimiento, muchos conciertos y muchas salas, y lo pasábamos muy bien. La etiqueta de la movida ha venido posteriormente”. La aventura musical de Pasajeros había finalizado, no así la de sus componentes.

Después de Pasajeros, Ángel formará parte de Domingo y Los Cítricos, y ya a partir de los años noventa, trabajará como técnico de sonido y luego como reputado productor musical, hasta el día de hoy. María José, actual pareja de Ángel, formará parte de varios proyectos musicales –La Visión o Las Cinco en Punto, las de “Nómada urbano”-, para dedicarse posteriormente a la enseñanza. Pedro formaría parte de distintas bandas y en la actualidad se dedica al diseño gráfico, mientras que Javier Martos fallecería en 1990, en un accidente de moto.

En el año 2014 se incluirá “El eco de las sombras” –quizá su tema más redondo, con un acertadísimo punteo de guitarra- en una recopilación patrocinada por el sello Munster Records, que venía a reivindicar a muchos grupos españoles de “Post-Punk y Dark-Pop” entre los años 1981 y 1986. La mayoría de aquellas bandas serán fugaces pasajeras de una movida cuarentona que, víctima del célebre síndrome piterpanesco, todavía se resiste a envejecer con cierta dignidad. Bienvenidas sean sus sombras, porque de sus luces ya hemos leído mucho.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Último Sueño